
Desde el 7 de marzo cuando Venezuela se apagó por primera vez, los venezolanos sufren para conseguir lo básico para sobrevivir. Apagón tras apagón, la vida cotidiana se vuelve más dura, y conseguir aunque sea un poco de agua.
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La escena es la misma en muchas zonas de Caracas y casi todo el país. Familias enteras haciendo colas y cargando envases y tobos, para recoger agua de manantiales, roturas de tuberías, cunetas, de los camiones cisterna o de lo poco que fluye por desagues que desembocan en el podrido río Guiare
“Tenemos niños pequeños y no tenemos con qué darles una gota de agua para tomar”, exclamó María Rodríguez, en Caracas.
“No tenemos agua, no tenemos luz, no tenemos Internet, no tenemos teléfonos, estamos incomunicados, hemos llegado a lo peor que hemos podido imaginar”, se quejó Joaquín Rodríguez.
El apagón colapsó el suministro de agua, de por sí ya deficitario.
“Nosotros llenamos de un pozo de agua que está aquí, no sabemos si el agua es potable”, contó Erimar Vale.
El fin de semana millones de venezolanos se despertaron otra vez sin luz…y sin una gota de agua. Para colmo, la sequía hizo que una zona del cerro El Avila se incendiara, lo que provocó más desolación en los caraqueños.
“Puedes sobrevivir sin luz, pero no sin agua (…) El peligro de confrontación aumenta porque pones a la gente en un límite crítico”, advirtió al analista Luis Salamanca a la agencia AFP.
Protestas
Este domingo, Efe fue testigo de varias detonaciones en la avenida Fuerzas Armadas de la capital venezolana, donde un centenar de manifestantes protestaron durante horas pidiendo el regreso de la energía y, con ello, del suministro de agua potable y de los servicios de telefonía e internet.
En el oeste de la capital, un territorio considerado bastión del chavismo gobernante, se produjeron desde la mañana numerosas concentraciones de ciudadanos que pedían la restitución del fluido eléctrico después de que anoche se registrara otro de los apagones nacionales que comenzaron el pasado lunes.
Las cercanías del palacio presidencial de Miraflores, custodiadas por decenas de agentes y tanquetas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), fueron tomadas casi en su totalidad por una veintena de protestas en las que los vecinos cortaron las calles, armaron barricadas y corearon consignas antigubernamentales.
En estas manifestaciones los ciudadanos mostraron recipientes vacíos para denunciar que el agua no corre por las tuberías de sus hogares desde hace tres, cinco u ocho días.
Si bien claman por soluciones, muchos de ellos no están dispuestos a aceptar paliativos como la distribución de agua con camiones cisternas que el Gobierno ha desplegado dentro de su plan de contingencia mientras reactiva el bombeo del líquido hacia todas las comunidades.
Ese fue el caso del centenar de manifestantes que cortó las vías de entrada a la emblemática barriada del 23 de Enero, ubicada detrás de la sede del Ejecutivo y donde reposan los restos del fallecido presidente Hugo Chávez.
Al grito de “no quiero cisterna, quiero agua de chorro”, la muchedumbre ahuyentó a los dos vehículos que llegaron a la zona para distribuir agua, y uno de ellos fue tomado por otro grupo de manifestantes que, unos metros más hacia el este, se abalanzó para llenar sus bidones.
El conductor de ese vehículo, que pidió conservar el anonimato, dijo a Efe que su destino inicial era el hospital Pérez Carreño pero que recibió una orden telefónica indicándole que se desviara hacia esa zona para intentar apaciguar las protestas.
Estas son las fotos de las agencias de noticias EFE, AFP y Reuters que reflejan la agonía de los venezolanos y que dan la vuelta al mundo.





































































































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