Como estaba previsto, desde hace meses, el presidente Macron debe terminar en Córcega, este jueves, su «tour» de Francia destinado a intentar calmar la crisis de la franquicia de los chalecos amarillos.
Dos días antes de la vista, Gilles Simeoni y Jean-Guy Talamoni, los dos líderes históricos del nacionalismo corso han anunciado que no participarán en las reuniones de trabajo del presidente con varias representaciones de diputados y alcaldes.
Hijo de uno de los patriarcas del movimiento nacionalista corso, Gilles Simeoni (nacionalista moderado) es presidente del Consejo ejecutivo del Gobierno regional corso y fue el abogado defensor de Yvan Colonna, condenado por el asesinato del prefecto Claude Érignac.
Jean-Guy Talamoni, presidente de la Asamblea regional de Córcega, es un nacionalista más o menos radical, dirigente del movimiento independentista Corsica libera.
Se esperaba de Macron algún tipo de gestos: el «reconocimiento» de la identidad corsa en la Constitución; y algún tipo de subvenciones. El presidente ha confirmado el techo de tales gestos: el respeto de la integridad e instituciones del Estado.
Techo que ha puesto en cólera a los grupúsculos y movimientos nacionalistas, mayoritarios en la Asamblea regional. Cólera verbal con flecos inflamables: la policía ha descubierto depósitos de explosivos, que han atizado el miedo a una ola de violencias. Es tradicional, desde hace décadas, que los nacionalistas corsos respondan al Estado francés poniendo bombas o pegando fuego a edificio o instituciones gubernamentales.