Cada vez que Theresa May ha viajado a Berlín lo ha hecho con una petición en la maleta. En esta ocasión acudía a la capital alemana para solicitar a Angela Merkel que abogue ante los 27 en la inminente cumbre europea a favor de un aplazamiento del Brexit hasta el 30 de junio. La primera ministra británica, que en casa enfrenta las críticas de los conservadores más euroescépticos por su decisión de tender la mano a la oposición izquierdista en busca de un consenso que saque al país del caos político, ha apelado al sentido de la responsabilidad de la canciller alemana para evitar un Brexit sin acuerdo, antes de partir hacia París donde se reunirá con Macron en una sesión también preparatoria de la cumbre.
La prensa alemana considera que la posición de Merkel y Macron es común y cerrada, pero que están «jugando a poli bueno y poli malo» en la negociación con Reino Unido. Mientras Macron ha deslizado su falta de paciencia para seguir negociando, Merkel ha reiterado que seguirá «luchando hasta el último minuto por un Brexit con acuerdo». «Tenemos buenas razones para hablar cuando Reino Unido y la UE a 27 se encuentran en una situación difícil, candente», ha justificado la reuniónb Steffen Seibert, portavoz de Merkel.
El Gobierno alemán ha dejado claro a May que cualquier extensión de la fecha de Brexit irá acompañada necesariamente de nuevas condiciones. Debe «someterse a criterios muy estrictos», afirmó el responsable de Europa del Ministerio de Exteriores alemán Michael Roth, insistiendo en la necesidad de que Reino Unido se comprometa a mostrar una «actitud constructiva» si prolonga su presencia en los órganos decisivos de la UE. Berlín vería con buenos ojos la convocatoria de nuevas elecciones en Reino Unido o de un segundo referéndum, pero en la capital alemana cuesta aceptar que, durante la extensión del plazo y en pleno proceso de salida, los británicos voten en las próximas elecciones europeas de mayo como el resto de los ciudadanos europeos.