¡Caramba! Esta vez le tocó a Alberto Cortés. Uno de los míos, que no ponía la cara bonita al cantar, porque lo que importaba era que llegara el mensaje. De las herencias que me dejó Menny Almonte. Alberto quien hacía creer que vivía en un «Castillo en el Aire», que no era de aquí ni de allá, que sacaba sus musas de un «Rincón del alma», que le llamaba suerte al haber nacido, que prometía cambiar «a partir de Mañana», que pedía Una Vueltita más» sin importancia la «Distancia» pero que era capaza de tocar fibras cantándole a un «árbol», o un «perro callejero». El argentino que al morir su padre nos explicó lo que siente «cuando un amigo se va», ya había cantado a «el abuelo», sin dejar de esperar que «te llegará una rosa», como «el primer día», que se maravilló cuando Goyo tuvo una hijo, cuando cantó a…