La red de nepotismo puesta en pie por el Gobierno socialista portugués le está estallando directamente al primer ministro, António Costa, contra las cuerdas a causa del impacto del que ya se conoce como «familygate», con las elecciones generales a seis meses vista. El escándalo cobra una dimensión cada vez mayor: de los 27 casos detectados inicialmente se ha pasado a los 43 en menos de dos semanas.
Y eso porque no siempre los lazos familiares se plasman en los apellidos, tal cual acontece en uno de los ministerios más afectados: el de Medio Ambiente. De hecho, el secretario de Estado de ese ramo, Carlos Martins, se ha visto obligado a dimitir tras destaparse que su adjunto en el gabinete desde 2016 era su primo Armindo dos Santos Alves, que también ha decidido poner punto final a su labor.
Al ministro en cuestión, Joao Matos Fernandes, no le queda más remedio que mover ficha y remodelar su organigrama cuando solo restan seis meses para las próximas elecciones legislativas, especialmente porque no puede pasarse por alto que su mujer –para colmo– fue ascendida a jefa de gabinete del secretario de Estado de Ordenación del Territorio y Conservación de la Naturaleza… Aunque al menos tuvo el «detalle» de dimitir seis meses después.
La trama de enchufismo avanza en toda regla, y solo ahora sale a la luz en toda su dimensión. Unos 17 apellidos entran en juego, con el primer ministro haciendo la vista gorda o lanzando balones fuera con frases del tipo «nunca hemos nombrado a nadie por motivos familiares» o «el tema no puede ser tratado como una broma (sic)».
Esposas, cuñados… El «familygate» socialista parece no conocer límites, comenzando por el ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita, y su mujer, Ana Paula Vitorino, ministra del Mar.
Igualmente llamativa es la dúo constituido por José Antonio Vieira da Silva, ministro de Trabajo, y su hija Mariana Vieira da Silva, ministra de Presidencia.
Hermana, cuñada, primo…
Y qué decir de Catarina Gamboa, mujer del ministro de Infraestructuras, Pedro Nuno Santos, que se ha estrenado como jefa de gabinete de Duarte Cordeiro, secretario de Estado adjunto para Asuntos Parlamentarios. Sin olvidar a Patricia Melo e Castro, asesora del gabinete del primer ministro y cuñada de la secretaria adjunta del Partido Socialista, Ana Catarina Mendes. Esta es hermana del secretario de Estado de Energía, Jorge Seguro Sanches, a su vez primo del exdirigente socialista António José Seguro.
El presidente de la República, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, ha tomado cartas en el asunto y se ha lanzado a promover un cambio en la legislación para evitar estos casos que avergüenzan a los ciudadanos de a pie, aparte de distanciarse de Costa.
«Lo peor de todo es que a los socialistas les parece normal», ha declarado Rui Rio, líder del principal partido de la oposición, el PSD.
Las claves del «familygate»
Reparto de puestos a parientes. António Costa se ha caracterizado por la inacción más absoluta mientras autorizaba que su Gobierno se llenase de «mujeres de…», «cuñados de…» o «primos de…», formando una tupida red de nepotismo sin precedentes en Europa: hasta 43 casos.
Renuncia del secretario de Medio Ambiente. El secretario de Estado de Medio Ambiente, Carlos Martins, se ha visto forzado a presentar su renuncia después de que se descubriera que el jefe de gabinete es un primo suyo, que también ha dejado el puesto.
Marido y mujer, cada uno en un ministerio. El «familygate» es un escándalo en toda regla, que cuenta con el ministro de Administración Interna, Eduardo Cabrita, como uno de sus protagonistas más descarados. Su esposa, Ana Paula Vitorino, ejerce como ministra del Mar, una duplicidad familiar que ha levantado gran polvareda.
El presidente pide reformas legales. Marcelo Rebelo de Sousa ha dado un paso al frente desde el Palacio de Sao Bento, sede de la Presidencia de la República de Portugal, y no ha dudado en alzar su voz para reclamar un cambio en la legislación vigente sobre el asunto.
Falta de trasparencia. La trama de nepotismo fue avanzando sin solución de continuidad, mientras nadie ponía límites a estos desmanes, que van en contra de la más elemental trasparencia democrática, como se pone de manifiesto tras las denuncias y las primeras dimisiones que se han producido.
Impacto electoral. Los analistas portugueses advierten del fuerte impacto negativo que los hechos pueden tener en la intención de voto en elecciones legislativas del 6 de octubre. Esta por ver que la derecha, cada vez más fragmentada, sea capaz de aprovechar la oportunidad que se le presenta.