El azar y no la voluntad de los electores decidió de la conformación de la asamblea que otro azar convirtió en el único poder reconocido como legítimo por la comunidad internacional. Si nos remitimos estrictamente a los hechos, muy pocos fueron los candidatos que expusieron ante la opinión pública sus peculiares habilidades y los atributos que los hicieron merecedores de un voto reflexivo, sopesado y decidido el 6 de diciembre de 2015. Ya de antes se arrastraban las listas candidaturales decididas arbitrariamente por las cúpulas partidistas, sin la menor incidencia de sus militancias, no digamos de la sociedad civil. ¿Quién se atrevería a hablar de primarias en AD, en PJ, en UNT, en VP? Si el caudillismo autocrático campea por sus fueros en todos los partidos venezolanos, cuyas directivas nacieron apernadas, ¿quién habría de ponerle el cascabel al gato? Desde hace veinte años en Venezuela no circulan aires democráticos en parte alguna. Y nadie sabe, por ejemplo, quién y por qué designó a los llamados representantes diplomáticos del gobierno interino y las autoridades de algunas dependencias del Estado.