El reparto del desarrollo y de la riqueza sigue siendo muy desigual en España. El lugar donde se vive condiciona decisivamente las expectativas personales de renta. Y lo hace de forma tan acusada que el diferencial per cápita entre la región más próspera (Madrid) y la menos (Extremadura) alcanza el 92,1%. Dicho de otra forma: el bolsillo de un madrileño, de media, prácticamente dobla al de un extremeño: 34.916 euros de renta per cápita anual, frente a 18.174 euros. El dato es de calado, porque es uno de los principales indicadores fundamentales a la hora de analizar el grado de cohesión social de un país. Y la economía sigue marcando la diferencia de una España que transita a dos velocidades en términos de renta per cápita.
Esa brecha entre regiones, que viene de antiguo, permanece enquistada. Se reduce, sí, pero a una velocidad tremendamente lenta. Baste un dato: España ha necesitado 18 años, de 2000 a 2018, para reducir un 16% esa desigualdad. Y cuando la brecha es del tamaño de la que se da en España entre las regiones más y menos ricas, reducir un 16% es un avance muy modesto si encima hacen falta casi dos décadas para conseguirlo. Más aún si, como queda demostrado en la serie histórica, esto no es un camino lineal sino con altibajos: en los años de crisis se suele desandar parte del camino recorrido en etapas de bonanza. Estos últimos 18 años dan fe de ello: el diferencial de renta entre Madrid y Extremadura ascendía al 110,3% en el año 2000, descendió progresivamente hasta quedar en el 89,3% en el año 2010, pero la crisis hizo que repuntara de nuevo hasta el 100,4% en 2014. Eso sí, desde ese año, al calor del crecimiento económico se ha vuelto a recortar paulatinamente y al acabar 2018 la brecha de renta entre la región más rica y la menos próspera se quedó en el 92,1%.
Se frena la convergencia
Pese al avance logrado en los últimos cuatro años, ahora asoma de nuevo un motivo de incertidumbre: la desaceleración económica que afloró en 2018. Los datos demuestran que, coincidiendo con esa desaceleración, se ha frenado bruscamente la convergencia regional en términos de renta. Entre 2014 y 2017, el diferencial de riqueza entre la región más rica la menos próspera se fue recortando a un ritmo medio anual de 2,5 puntos. Sin embargo, en 2018 lo hizo en solo seis décimas.
«El proceso de convergencia de la renta regional en España se ha frenado, ya no está siendo tan intenso como lo fue antaño y se da mucha más disparidad entre unas y otras comunidades autónomas», explica el economista Juan de Lucio, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija. «Las regiones están siguiendo caminos diferentes y los apoyos a la convergencia parece que han disminuido», afirma De Lucio. Las tensiones nacionalistas no ayudan a avanzar en las políticas de convergencia, que precisan de consensos estables y de un sólido marco de cooperación entre las regiones económicamente más y menos favorecidas.
Los últimos datos de renta per cápita que acaba de publicar el INE vuelven a colocar en cabeza a madrileños, vascos, navarros y catalanes -por este orden-. Y a la cola, a Extremadura, seguida de Andalucía y Castilla-La Mancha. Es una foto fija que se repite pese al paso de los años.
Durante la crisis se acentuó la brecha de renta entre comunidades autónomas
Esos extremos del ranking eran idénticos en 2008, tras años de «boom» económico; lo fueron en 2013, cuando la crisis tocó a su fin; y se mantiene ahora, tras cinco años de crecimiento. Y esto pese a que Extremadura ha sido una de las regiones que proporcionalmente más ha visto incrementar su renta per cápita en el último decenio, un 9,3% exactamente, incluso dos décimas más que el incremento registrado en el País Vasco, que ha sido del 9,1%, y casi a la par que el avance experimentado por Galicia, del 9,7%. En el lado opuesto se sitúan Canarias -cuya renta ha retrocedido un 0,7% respecto a la que tenía hace diez años-, La Rioja y Asturias, donde el PIB per cápita solo ha aumentado un 3,3% y un 3,4%, respectivamente, en el último decenio.
El director de coyuntura y economía internacional de Funcas, Raymond Torres, afirma que el fuerte crecimiento de la renta per cápita extremeña se explica por un doble motivo: parte de un nivel de renta muy bajo y, además, ha perdido población, lo que ayuda a que aumente el PIB por habitante al ser menor la base de reparto. Y el fuerte aumento de Madrid responde, en gran parte, a su fuerte captación de inversión extranjera.
«Si hubiera que generalizar la descripción de cómo está evolucionando la renta per cápita entre las regiones españolas se puede decir que las que menos han crecido en los últimos años son las comunidades en las que el turismo tiene un peso elevado, y las que más son aquellas que cuentan con más potencia industrial y que dependen menos del sector turístico», explica Raymond Torres.
Un país, tres velocidades
Este analista de Funcas afirma que, en estos momentos, se pueden establecer tres grupos territoriales que tienen comportamientos económicos diferenciados: «por un parte, las comunidades autónomas que van bien económicamente y empiezan a tener problemas de escasez de mano de obra, grupo en el que se encuentra Madrid, una parte de Cataluña, de Aragón, de Navarra y el País Vasco; en segundo lugar, autonomías con un retraso económico histórico, en las que hay exceso de mano de obra porque su tejido productivo no la puede absorber, caso de buena parte de Andalucía, Extremadura o Canarias; y en tercer lugar hay otro grupo caracterizado por zonas rurales muy afectadas por la despoblación, en las que hay una acusada escasez de población porque la gente se va y, al dividirse el PIB entre menos habitantes, arrojan rentas per cápita elevadas» pero que no están soportadas en un dinamismo económico sino en una depresión demográfica. Raymond Torres coloca en este grupo, sobre todo, a «buena parte de Aragón y de Castilla y León».
Si acusado es el diferencial de renta entre la autonomía más rica (Madrid) y la menos próspera (Extremadura), la brecha aún es más abultada si el análisis se hace por provincias. En este caso, el ránking lo lidera Álava -cuyo PIB por habitante supera ampliamente al de la Comunidad de Madrid- y la última posición la ocupa Badajoz.
Los últimos datos publicados por el INE sobre la renta per cápita por provincias llegan hasta el año 2016. En ellos aparece Álava con una renta media de 36.065 euros por habitante y año, frente a los 16.439 euros que se dan en Badajoz, los 16.703 de Cádiz o
los 16.953 euros de Jaén. La brecha es enorme. El diferencial de renta entre un alavés y un pacense es más del doble. Exactamente, del 119%. Y todo esto 40 años después de que la Constitución cimentara un Estado de las Autonomías consagrado, entre otros, en los principios de solidaridad económica y redistribución de la riqueza. Cuarenta años después, el diferencial de renta sigue siendo tremendo. La brecha no solo persiste, sino que se reduce lentamente y los territorios más y menos prósperos siguen siendo, en esencia, los mismos que antaño.
Esa persistente y gran diferencia de renta que se da entre unas y otras regiones, entre unas y otras provincias, evidencia «que hay algo que no funciona», apunta el director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, Raymond Torres. Entre otras cosas, porque es indiciario de que no están siendo suficientemente eficaces los mecanismos de redistribución de la riqueza, que se financian con impuestos y que se sustancian en forma de transferencias a los territorios menos favorecidos.
Eficacia redistributiva
«El problema no son las transferencias, que deben existir porque son base de cohesión de un país; la clave es que esas transferencias de renta se utilicen de forma eficiente», explica Raymond Torres. Y el economista Juan de Lucio, profesor de la Universidad Antonio de Nebrija, apunta otro factor más: «La redistribución debe servir para que las regiones menos prósperas puedan converger con las más ricas», no para establecer sin más una suerte de subsidiación de «una desigualdad persistente».
Para impulsar realmente esa convergencia, De Lucio afirma que es muy importante que esas transferencias se aprovechen para invertir en palancas de desarrollo económico, como las infraestructuras de transporte de las comunidades menos favorecidas, su I+D+i, la formación, la internacionalización de su tejido productivo o el apoyo a la creación de empresas.
Raymond Torres subraya especialmente el apartado formativo. «Las dos grandes transferencias económicas son sanidad y educación. En sanidad, con esas transferencias ha funcionado bastante bien la convergencia entre comunidades, pero el problema sigue estando en el apartado educativo, que es decisivo». Este experto de Funcas insiste también en la importancia de invertir en infraestructuras y pone como ejemplo la posición de desventaja que arrastra Extremadura en materia de ferrocarril.