Que en Venezuela impera una narcotiranía, no hay dudas. Tampoco que Maduro encabeza un régimen fallido que ha hundido al país en un agujero muy oscuro. Que la inseguridad tiene a los venezolanos en la mira para convertirlos en pasto fácil de un asesinato, de un secuestro, de una extorsión o de un arrebatón de su cartera, celular o despojo de los zapatos que le quitan a un adolescente junto con su vida, tampoco de eso hay dudas.