La mayor consecuencia de estas seis últimas décadas de transformaciones agrarias en Cuba ha sido que el Estado castrista se ha convertido en el mayor latifundista de toda la Historia cubana y en el único dueño de más del 80% de las tierras cultivables. Además, se ha incumplido, sobre todo desde 1963, con una de las banderas más populares de la Revolución del 59, reflejada en la consigna “La tierra para quien la trabaja” y no se ha logrado crear un movimiento cooperativo, libre e independiente, pues el actual es represivamente estatal.