Siempre he considerado que no existen causas perdidas. Que, a pesar de la intensidad de algunas vanidades sin tregua, perdura una necesidad que va más allá de cualquier pensamiento individual. Los socavones inmensos de nuestra república han sido tapados, en grandes ocasiones, por una determinación inesperada, para bien o para mal, convirtiéndonos por décadas, en un país indescifrable.