Vivimos en la prolongación perenne de tiempos aciagos. Esta es nuestra realidad. La decepción, tal cual como el eterno retorno del cual habló Nietzche, parece hallarse siempre a la vuelta de la esquina para nosotros. ¿Cómo podría ser distinto? Nos hemos rehusado, y así debe ser, a dejar de creer en la Venezuela posible.