El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez, llamó este domingo durante la celebración de la “Peregrinación por la paz y la justicia de Nicaragua” a formar un país donde se deponga el odio, las amenazas y la intimidación, “donde nos encontremos todos sin tenernos miedo”.
Agregó que todos y cada uno de los nicaragüenses, sin exclusiones y exclusividades, debe aportar lo mejor de sí en búsqueda de la paz, justicia, la estabilidad y la democracia institucionalizada, para llevar a las futuras generaciones con ahínco para levantarnos.
En su homilía, luego de la peregrinación en la que participaron 16 municipios de la Diócesis de Matagalpa, Álvarez manifestó que “la Divina Misericordia Salvará a Nicaragua y que el espíritu santo la renovará”.
Afirmó que no es la hora para “sacar ventaja sobre grupos, para banderas o a como dicen, buscando halar agua para su molino, no es la hora para liderazgos que tuvieron su tiempo o para aparecer a la luz pública a nivel nacional e internacional personalidades que se presentan con el síndrome de la presidencialitis”.
Álvarez, en medio de más de 10 mil jóvenes de la Diócesis de Matagalpa que participaron en la peregrinación, dijo que los verdaderos líderes surgen del silencio, “de hombres y de mujeres que sufren con el que sufre, que trabajan por la paz, pero no para buscar un galardón, sino por el puro amor al pueblo, el pueblo es el verdadero constructor de su historia, este pueblo que tiene rostro, nombre e identidad”.
Ataques
En relación al asedio que han tenido los templos religiosos, como el de este domingo en catedral de Managua donde hubo heridos, Álvarez manifestó que “en realidad a mí siempre me sorprende mucho eso, porque las situaciones que vivió la Catedral de León, la que ha vivido la Catedral de Managua y los feligreses, me parece que en primer lugar se trata de infundir el miedo en la población y por supuesto esto crea un ambiente de mucha tensión y zozobra en la ciudadanía”.
Agregó que “son definitivamente obstáculos demasiados fuertes que impiden el poder buscar un clima de paz y de justicia, porque cuando se intenta buscarlo suceden este tipo de acciones que oscurecen todavía más el panorama”.
A pesar de esos obstáculos, según señaló Álvarez, las personas han perdido el miedo de salir y de encontrarse.
“Un pueblo con miedo es un pueblo paralizado, pero en Nicaragua ya se perdió el miedo, la población de una u otra manera se manifiesta”, dijo, enfatizando que lo importante es que se haga siempre por vías “civilizadas” y respetando a los demás.
Juntos en la mesa
“Esta es la hora en que todos; obreros, campesinos, trabajadores, empresarios honestos, políticos sensatos; unos y otros pensemos que debemos sentarnos juntos en la mesa, cada uno en su sitio, pero todos en la misma mesa para compartir el mismo pan con dignidad”, destacó el obispo.
Añadió que este es el momento de la unidad en la que el pueblo no puede esperar que “venga de arriba o de afuera”, sino una unidad que sea del pueblo.
Dijo también que a pesar de las dificultades, la Iglesia católica permanece más unida, “puede ser lastimada, pero nunca corrompida, nunca nada ni nadie logrará dividir a la Iglesia”.
Manifestó que Nicaragua merece ciudadanos con justicia social donde se vaya acortando una brecha, “de grupos que tienen casi todo o son casi dueños de todo, y muchos, muchísimos que tienen casi nada. Eso no puede seguir ocurriendo en nuestro país, esta es la hora en que el rico deje de pensar que puede seguir dejando caer de su mesa las migajas que le sobran”.
Motorizados y policías
Mientras se llevaba a cabo la peregrinación, grupos de motorizados y policías estuvieron asediando a los participantes en la actividad religiosa, tomando fotografías.
“Los felicito por estar aquí y no haberse quedado en casa, los felicito por ser jóvenes decididos, hoy vamos a orar, a rezar y pedirle al Divino Espíritu por Nicaragua, nuestras intenciones personales y privadas van a quedar en segundo lugar, todos vamos a poner en primer lugar nuestro país, porque la Divina Misericordia salvará a Nicaragua”, dijo monseñor Rolando Álvarez al llegar a Paso Real, lugar donde inició la peregrinación.
El recorrido fue de 9 kilómetros, iniciando de Paso Real a terminal en la parroquia de Matiguás, Matagalpa.
Muchos de los participantes en la peregrinación llevaban la bandera azul y blanco en los vehículos y en las manos, junto a la bandera de la Iglesia católica.