Es común leer en las redes sociales los epítetos: infiltrados, divisionistas, G2, envidiosos, cizañeros, asalariados del régimen, y en fin, una retahíla de calificativos que intentan desacreditar ante el sector democrático ciudadano que de buena fe cree en los que se convierten en líderes o voceros del status quo opositor. Me refiero a los voceros de la MUD o del devenido Frente Amplio. Se ha llegado al extremo de etiquetar como “secta” a quienes se les ocurra discrepar de las decisiones o acciones de la agrupación que funge como escudería del presidente Juan Guaidó.