Los habitantes del distrito Páez del Alto Apure se han ajustado a la estabilidad colombiana a través de su moneda para simplificar todas las transacciones económicas: los pesos colombianos circulan con mayor fluidez y su sistema financiero no tiene a la inflación o la escasez como un problema central. Así lo reseña cronica.uno
Caracas. Ante las dificultades de acceder al papel moneda, la población venezolana ha encontrado mecanismos para salir del paso: en los pueblos y caseríos del Alto Apure, en la frontera entre Colombia y Venezuela, ya no se utilizan los bolívares ni para colaborar con la limosna de la iglesia. El uso de los pesos colombianos se ha impuesto sobre todos los aspectos de la vida cotidiana y son el instrumento de intercambio único en las bodegas, las escuelas, en la venta de combustible y hasta en el transporte público. Solo en El Nula, donde se ubica la última entidad bancaria, aceptan los bolívares.
A diferencia de lo que ocurre hacia la zona central de Venezuela, en la periferia colombo-venezolana la población oxigena su cotidianidad producto de la dinámica transfronteriza que se refleja en los rostros de colombianos que llegaron hace 20 años a Venezuela; en los hábitos alimenticios, los arraigos religiosos, las historias de la migración forzada y hasta en las bodegas repletas de mercancía colombiana que llegan a través de las trochas y que se intercambian por la moneda con la que fueron adquiridas: los pesos. Nadie acepta bolívares, pues su constante devaluación pone en riesgo el propio capital.
Los habitantes del Distrito Páez del Alto Apure —donde se agrupan los caseríos de El Nula, Caño Gaital, Ciudad Sucre, Sirirí, Caño Regreso, Caño Amarillo, Mata de Caña, Las Blanquitas, Valle Verde, Cinta Blanca, Campo Alegre, Tubo Rojo y La Piedrita— se han ajustado a la estabilidad del país vecino a través de su moneda para simplificar todas las transacciones económicas: los pesos colombianos circulan con mayor fluidez y su sistema financiero no tiene a la inflación o la escasez como un problema central, como ocurre con los bolívares.