Sin aquel “juego bonito” y defendiendo con bravura espartana un gol de ventaja 2-1, Brasil supo resistir frente a Perú con un hombre menos los últimos 26 minutos, hasta lograr respirar tranquilamente con el penal discutible señalado a los 87 y ejecutado por Richarlison en el 91 después de recurrir al VAR, para imponerse 3-1 y conquistar su novena Copa América. No hablemos de brillantez, pero sí de merecimientos. El triunfo brasileño es justo, porque fue el equipo que ofreció mayor esfuerzo, más movilidad y mejor juego entre lo “rocoso” que se puede cuestionar, además de responder frente a todas las exigencias que encontró en su camino, siendo amputado por el VAR en el extraño 0-0 contra Venezuela. El equipo de Tite contó con un medio campo de rápida y segura progresión, agilizando a los hombres que se acercaban o pisaban el área como Everton, Firmino y Gabriel Jesús, utilizando a Coutinho y Arthur como garantes de efectivas conexiones.
