Para los escritores de gran ingenio y con la sabia fecunda de derrochar tintas en creatividad, resultaría fácil quizá desarrollar un desenlace. Existen libros cultivados de hechos sorprendentes, insaciables de anécdotas, que terminan al margen de la tranquilidad del lector. Pueden culminar la obra con tres líneas para perturbar a cualquiera o generar un suspiro de alivio por no dejar fallecer al protagonista, quien gana de buen modo a sus enemigos acérrimos.