El sacerdote Erick Alvarado señala los agujeros dejados por las balas en el lienzo con la imagen de Jesús de la Misericordia, y exclama: “¡Es un milagro!” Se acerca más y explica: “Así como Jesús lleva las marcas de la pasión en sus manos, así están esas marcas ahí; son las marcas de todo lo que se ha sufrido en Nicaragua. Esperemos que cosas como esas no vuelvan a ocurrir”.
