Mientras salía del estadio de los Bravos de Atlanta, trataba de ordenar mis ideas entre la polvareda de recuerdos recientes. Acababa de escuchar al asesor técnico del equipo nacional, Darin Van Tasell, decir en su encuentro con los periodistas: «Señores, los felicito porque han visto el mejor juego del torneo olímpico de beisbol. Pueden seguirlo disfrutando mientras recuerdan lo que pasó”. Hinchado de orgullo, el gran soporte de Julio Sánchez, apenas exageraba. Habíamos presenciado un partido terriblemente difícil para los dos equipos, que tuvo de todo: bateo grueso, picheo enérgico cuando se necesitaba y beisbol ágil en la defensa.
