Como se dice en buen maracucho: lo que duele es la mamazón de gallo. Sí, la burla. Los zulianos hemos aguantado estoicamente el inhumano racionamiento eléctrico al que hemos estado sometidos desde hace casi dos años, cuando pasamos la Nochebuena en penumbras. Desde entonces nos hemos calado el aumento progresivo de la cantidad de horas a oscuras, el deterioro de todos los servicios públicos que dependen de la electricidad, aunado a temperaturas de 40 grados centígrados promedio. Pero lo que no podemos tolerar es que encima se burlen de nosotros en nuestra propia cara.