El miércoles fue un día sueco en una Argentina desquiciada. Solo hablaron civilizadamente los dos únicos hombres que tenían que hablar. Parece poco, pero es mucho en una nación dramática, donde una parte del país llora porque otra parte está alegre. Así sucedió en 2015; así fue el domingo. Mauricio Macri y Alberto Fernández lograron sacar al país de la ratonera en la que estaba. El conflicto consiste en que el hombre que tiene las herramientas no tiene el poder y el que tiene el poder no tiene las herramientas.
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