Quizá son de una gran resistencia, herméticas, laminadas, dotadas con una cerradura de múltiples pestillos y con un cilindro inviolable. Sombrías y solitarias, con su simbología de miedo y su solidez silenciosa, resguardan la estrechez de unas habitaciones hechas para el delirio. La catadura perfecta para el terror de la soledad y la incertidumbre. Protegen a unos cuartuchos donde se olvidan los crepúsculos y rebota en las paredes, el recuerdo diario de vivir en una tiranía sin demoras, capaz de llevar su intransigente talento para la tortura con la mayor desfachatez.