El capitalismo es un sistema productivo basado en la propiedad privada de los medios de producción. Tal propiedad privada no solo implica que los accionistas de una empresa (sus dueños) están legitimados para adoptar las decisiones sobre qué y cómo producir (o, al menos, son ellos quienes escogen a los que las adoptan) sino también que cualquier persona que posea medios de producción tiene el derecho a tratar de ensamblarlos en un plan empresarial para así competir con otras compañías existentes. Es decir, del principio de propiedad privada sobre los medios de producción también se deriva el principio de libre competencia: si careciera del derecho a usar mis medios de producción tal como yo deseo —por ejemplo, para competir contra otros—, no sería plenamente dueño de ellos.