“¡Oh, Marqués de Casa León, hombre de labia, servicial, buen amigo, te conozco! De diario te veo, hace muchos años, en los corredores de la Casa Amarilla, de Santa Inés y Miraflores. Mis hijos, mis nietos te conocerán; recibirán tus zalemas. Eres inmortal”… (Rufino Blanco Fombona, 1906).