Alejandro Magno decidió invadir al imperio Persa en el 330 aC, primero arrasó con la excelsa y ya milenaria para entonces ciudad de Babilonia y luego con Susa, la invasión fue de tal brutalidad que el terror se propagó de inmediato por todo el imperio y sin resistencia logró traspasar los muros de en su capital Persépolis. El gobernador Tiridates la entrego para que no le sucediera lo que a sus pares.