Las migraciones existen desde que el simio que llegaría a ser el hombre bajó de los árboles, se puso de pie y alzó la vista sobre las anchas llanuras africanas para ir a la conquista de la tierra, saliendo del África profunda, invadiendo Europa y atravesando el Estrecho de Behring para habitar las Américas. Ya había vivido una asombrosa mutación genética cuyos detalles continúan siéndonos desconocidos – Ortega y Gasset hablaba citando a Konrad Lorenz, en su extraordinaria obra sobre Leibniz, de una grave epidemia febril, que desquició al simio convirtiéndolo en el antecesor de nuestra especie – , adquiriendo la habilidad para la socialización: el lenguaje. Que combinado con el descubrimiento y el uso del fuego crearía las condiciones grupales para armar el rompecabezas de lo humano. En el camino se terminó de conformar el género, se crearon las razas y se formó el homo sapiens que hoy somos. A punto de habitar el universo y convertirse en un habitante planetario.