
“Me ordenaron que subiera a cubierta. Calmos, los pasajeros paseaban. Me reuní con otras camareras, mirando a las mujeres que abrazaban a sus esposos antes de bajar a los botes con sus hijos. Un poco después, un oficial del Titanic nos ordenó que abordáramos el bote para mostrarles a otras mujeres que era seguro. A medida que el bote descendía, un oficial me dijo: “Señorita Jessop, tenga. Cuide a este bebé”. Y me arrojó un bulto al regazo. Era un hermoso bebé que abracé para darle calor en la helada noche del Atlántico Norte”. (De su diario personal, luego convertido en libro).
