Estos días de agosto y septiembre están caracterizados por un estancamiento en la iniciativa política venezolana, luce languideciente, moribunda. La anomia toma cuerpo en el tejido social.
Mientras la gente sufre con mayor rigor los estragos de la hiperinflación, la cúpula roja luce incapaz de reaccionar para detener la hecatombe humanitaria a la que asistimos.