El régimen presidido por el usurpador representa la debilidad de todo dictador. Parecen muy fuertes, pero siempre están en la cuerda floja. El mundo de hoy los rechaza y aísla. No tienen futuro y su destino será perennemente aciago. Ante los demás tienen que demostrar una fortaleza que no tienen y consideran falta de autoridad cualquier muestra de sindéresis.