
A partir de 1998, cuando gana la Presidencia por primera vez, el teniente coronel Hugo Chávez Frías instaura la repugnante modalidad -cuando comienzan a surgir críticas a su gestión- de no contestar argumentos sino descalificar a quién se atreve a formular dudas, preguntas o reservas, bien fueran estos activistas políticos, periodistas o académicos. Pronto todo el que pensara distinto sería calificado como “escuálido” o “fascista“. Así lo reseña infobae.com
Por Marcos Tarre Briceño