Cualquier pensamiento de que Rusia es simplemente un autoritarismo de arriba hacia abajo, moldeado por el melancólico plan maestro de un presidente, debe ser disipado por el aumento de los debates abiertos e indirectos que actualmente tienen lugar en los niveles más altos de la élite del país. Demuestran tres cosas: que existen diferencias reales de opinión, que este es un sistema en el que la política emerge del cabildeo competitivo, y que Vladimir Putin parece reacio o incapaz de resolver los principales problemas del día. En conjunto, demuestran la creciente disfuncionalidad del “Putinismo tardío”.