Ni Donald Trump es el estereotipo del americano, ni Xi Jinping lo es tampoco en relación con sus compatriotas chinos. Se trata de dos personalidades fuertes en extremo, con dos estilos marcados y, quizá sí, comparten un determinante deseo de conseguir o de mantener para su país una condición de primacía respecto del resto de las naciones del mundo.