La acusación estalló como una bomba de excremento en medio de un funeral. Una extensa nota en el PanAm Post, detalladamente documentada, y hasta ahora no desmentida, dando cuenta de una operación de corruptela vil en tiempos durísimos, de tráfico con la miseria, el hambre y el sufrimiento causado por el régimen del mal de Nicolás Maduro, El Gran Usurpador. Por supuesto que es indispensable mantener la presunción de inocencia, y el debido proceso, como conceptos centrales de nuestra ética de demócratas, pero lo ocurrido en Cúcuta con los fondos destinados a la atención de los militares desertados deja, por lo menos, un mal sabor en la boca. Nuestro embajador Humberto Calderón Berti se movió con celeridad frente a las autoridades colombianas, encargadas de la supervisión de la ejecución de fondos, y estamos a la espera de que la investigación ordenada por el presidente (e) Juan Guaidó despeje todas las dudas que han surgido en esta materia de una manera inequívoca.