Quienes en tiempos de Felipe II dicen la palabra Venezuela
ya no evocan a la histórica ciudad del Adriático. No les trae
el recuerdo de canales y palacios de mármol, sino una visión
salvaje de tierras, llanuras y ríos. Se han soldado sus sílabas
dentro de un sonido nuevo y una nueva significación.
Arturo Uslar Pietri