Está encerrado en su casa, casi a cuatro llaves. Desde la ventana el estrépito de las cacerolas lo estremece y las consignas desgañitadas, frenéticas y exaltadas parecen perpetuas. Dos años en Chile y jamás imaginó repetir los mismos descalabros e inestabilidades ya polvorientos en su memoria. Se grita mil veces que Venezuela vivió lo mismo, mientras los memes en las redes sociales parecen hacer mofa de esta realidad perturbadora.