No podemos caer en la misma jugada. Esta realidad xenofóbica, no puede contagiarnos con reciprocidad. Ciertamente, es una indignación sin tregua que nos derriba. No soportamos, con toda razón, ver a tantos conciudadanos casi ultrajados y mancillados por algunos peruanos o por unas raras fuerzas de la ley. Eso golpea en nuestras emociones y quisiéramos casi a dentelladas mayúsculas, salir a resolver el hecho con nuestras propias manos.