Es una estrategia descafeinada, predecible y con fisuras en los tiempos que corren. Tan evidente para cualquier avezado en historia o conocedor de los movimientos subversivos de América Latina. El Gobierno ecuatoriano no se ha tragado el cuento, andando cauteloso ante los siniestros políticos sembrados por el comunismo tropical, propulsados siempre con una razón casi maquiavélica.