La brutal polarización política venezolana ha invadido todos los espacios de reflexión y análisis, y ha terminado por introducir una suerte de credo primitivo y precario que presuntamente permite entender la compleja realidad política de la sociedad norteamericana partiendo de un conjunto mínimo de frasecitas mágicas cargadas de ideología. Lo alarmante es que el virus de la trivialización y el análisis maniqueo de la política ha infectado, con honrosas excepciones, a los dos bandos que se disputan el poder en Venezuela: la usurpación madurista y el amplio movimiento constitucionalista para restaurar la democracia y la libertad en nuestra sufrida nación.