
Hasta ese día —el día en que su mamá notó que rengueaba— Matías había tenido una vida tranquila, divertida. Era un nene de 8 años, iba a la primaria y jugaba a la pelota por eso, al principio, creyeron que se había golpeado enun partido. Pero había algo extraño en esa renguera. Mati, como lo llama su mamá, no daba saltitos ni se quejaba del dolor: la pierna se había puesto rígida, “una especie de pata de palo”.
Por Gisele Sousa Dias / infobae.com