Confieso que el espectáculo no es nada fácil de soportar. Es una verdadera proeza, resistir bajo la impuesta serenidad que nos brinda la racionalidad del me vale madre, sin alcanzar a experimentar ese súbito vértigo, vecino muy cercano de la náusea. Muy duro es el trámite de intentar contener la ira, la tristeza y la arrechera al presenciar ese lamentable cuadro. Observar como un grupo de unas 25 personas aguardan pacientemente, bajo un sol de ácido inclemente, a que dispongan en la calle la enorme cantidad de basura que generan las operaciones habituales de una carnicería ubicada al este de la ciudad. No es nada fácil verlos comer de la basura y aceptar que el evento, es un trámite normal y natural de la Venezuela del siglo 21. Chávez vive y el hambre sigue.
Alfredo Alvarez: Comer basura
Confieso que el espectáculo no es nada fácil de soportar. Es una verdadera proeza, resistir bajo la impuesta serenidad que nos brinda la racionalidad del me vale madre, sin alcanzar a experimentar ese súbito vértigo, vecino muy cercano de la náusea. Muy duro es el trámite de intentar contener la ira, la tristeza y la arrechera al presenciar ese lamentable cuadro. Observar como un grupo de unas 25 personas aguardan pacientemente, bajo un sol de ácido inclemente, a que dispongan en la calle la enorme cantidad de basura que generan las operaciones habituales de una carnicería ubicada al este de la ciudad. No es nada fácil verlos comer de la basura y aceptar que el evento, es un trámite normal y natural de la Venezuela del siglo 21. Chávez vive y el hambre sigue.