Cultivo y profeso un especial afecto por el Zulia y por buena parte de sus hijos. Más de la mitad de mi vida trascurrió entre ellos, asumiendo como propia su rica cultura, sus nítidos valores morales impregnados por el sol de la mejor calidad en el mundo y un mágico sentido del arraigo. Me hice un profesional del periodismo en sus espacios, egresé de su universidad centenaria, tengo hijos y nietos maracuchos, así como muy sobradas razones para perpetuar mi afecto por esos cálidos y estentóreos personajes. Ese inventario de afectos, también troca por una ex esposa maracucha, algunos viejos amores vestidos ya con el obligante sepia de los recuerdos. También contabilizo un nutrido grupo de amigos maravillosos, ruidosos e irrenunciables.