Cuba, Venezuela, Chile y el Grupo de Lima, por Antonio Sánchez García @sangarccs

Nada de lo que está sucediendo en Chile, y por ahora ya se extiende a Colombia, fue sorprendente o inesperado. Supimos desde siempre que la desestabilización de las democracias latinoamericanas era parte de un guion elaborado en Cuba desde el mismo momento del asalto al poder de Fidel Castro, respecto del que alertamos al Grupo de Lima con suficiente antelación cuando les pedimos a sus miembros que respaldaran nuestra solicitad de auxilio humanitario extendido a los Estados Unidos y a la Unión Europea, sabiendo que el gobierno de Donald Trump no se atrevería a intervenir en Venezuela si no contaba con el respaldo de la región. Haciendo un perverso uso de una estúpida solidaridad automática grupal, no sólo se negaron a respaldarnos: pusieron el grito en el cielo ante la sola posibilidad de ver un país de la región intervenido por los Estados Unidos o cualquiera de sus aliados limítrofes. Es la estúpida consigna de la no intervención extranjera en los asuntos internos, suficientemente debatida y rechazada por la comunidad internacional ante eventos y tragedias como las que vivimos en Venezuela. Que lo harían más que obligatorio. El rechazo a tal doctrina debió haberse enquistado en nuestras conciencias desde la intervención de los Estados Unidos en las dos guerras mundiales europeas, que permitió derrotar para siempre al nazismo hitleriano. No fue el caso. Los demócratas latinoamericanos se han rendido ante sus izquierdas marxistas – que no hay otras – haciendo de “la inviolabilidad de sus fronteras” una cuestión de honor. Una visión anti histórica, maniquea, conservadora y aldeana, que obedeciendo a sentimientos patrioteros propios del Siglo XIX les deja abiertas sus fronteras al crudo y violento realismo pragmático del castro comunismo. Que apoyado en la doctrina de la unidad proletaria mundial establecida por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista – “Proletarios del mundo, ¡uníos!” –, no conoce otra frontera para su accionar que el que establezcan los estados mayores de sus partidos totalitarios.

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Author: Pablo Perez