El dinero ya no va de mano en mano

Pagar con la cara no es una tecnología disruptiva solo al alcance de unos cuantos frikis, ni siquiera forma parte de un universo matrix. Este nuevo método de transferir dinero ya está aquí al lado: Mastercard ha puesto en marcha un proyecto piloto que permitirá pagar el billete en los autobuses de la Empresa Madrileña de Transportes (EMT) con el reconocimiento facial. Es algo que ya se hace en cafeterías y restaurantes corporativos de algunas entidades bancarias como CaixaBank y BBVA, y en alguna tienda de alimentación, como la de Nestlé Market en Esplugues de Llobregat. Mientras en España, y Europa, todavía estamos en los albores con pruebas de este tipo, en China, sin embargo, el reconocimiento biométrico es un nuevo método de pago que se extiende por comercios de todo tipo.

Así están evolucionando las transacciones financieras con la digitalización. «La tendencia es ir hacia el concepto de pago invisible. El cliente hace el pago pero sin que ese acto forme parte del proceso de compra», explica Alberto López, director de Ciberseguridad de Mastercard. Esas son las nuevas realidades que hacen pensar que algún día, y no muy lejano, el dinero en efectivo contante y sonante desaparecerá o, por lo menos, quedará relegado a compras de poca monta. Y como botón de muestra ahí están Dinamarca y Suecia que han apostado por eliminar el cash. «La clave en el futuro será la experiencia del cliente», sostiene José Luis Martínez, portavoz de la AsociaciónEspañola de Banca (AEB).

Hoy día ya se puede pagar con tecnología wearable en pulseras deportivas, relojes e incluso anillos y gafas de sol. El pago con móvil es el que más se ha extendido en los últimos años: más de un 31% de los españoles paga con su samartphone de manera habitual, según el Barómetro de Pagos Digitales de Mastercard. «El ecosistema de medios de pago avanza de forma decidida hacia un nuevo modelo dominado por la rapidez, la facilidad y la confianza», sentencia José Luis Martínez.

El dinero plástico
Todo eso hace pensar que hasta la tarjeta de plástico caerá en desuso. «No desaparecerá, sino que cambiará de soporte. Ahora se puede incluir la tarjeta en cualquier dispositivo: reloj inteligente, pulseras, móvil o cualquier soporte que incorpore la tecnología contactless. Llegará el momento que nuestras neveras hagan la compra y el coche pague la gasolina. Al Internet de las cosas se le añade el internet de pago. Estamos en el principio de ese camino», sugiere Alberto López. Claro que, como apunta Luis Cantero, responsable de pagos en el área de servicios financieros de Accenture, «llevará su tiempo desmaterializar un parque de tarjetas de más de 85 millones como hay ahora en España».

Mientras tanto, los españoles siguen usando el efectivo, y mucho. «Aunque la penetración del móvil en España es una de las más altas del mundo, los pagos alternativos todavía no destacan», apunta Salvador Casquero, profesor del Programa Directivo de Innovación Digital y Fintech del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) y presidente de 2Gether. Hay razones que explican esta situación, expone Luis Cantero: «Somos un país fuertemente bancarizado con 1,2 cuentas por persona. Y más del 80% de los comercios están preparados para contactless que es muy rápido y cómodo con importes de hasta 30 euros. Pero lo cierto es que el 80% de las transacciones siguen siendo en efectivo. Por tanto, aunque tenemos todos los factores para una “cashless society”, nos falta el principal, que es el cultural».

Luis Cantero (Accenture): «Llevará su tiempo desmaterializar un parque de tarjetas de más de 85 millones como hay ahora en España»

Aún así, las cosas están cambiando mucho en los últimos años a favor de los pagos electrónicos, como revelan diferentes estudios. El Índice de Ciudades Cashlees de Mastercard concluye que a pesar de que el 71% de los españoles paga en efectivo todos los días, el método de pago preferido es la tarjeta contactless. En 2016 ya se produjo un hecho histórico que dejaba intuir que el dinero efectivo no sería el rey en el futuro. Fue entonces cuando el Banco de España detectó que, por primera vez, los españoles utilizaron más las tarjetas de crédito y débito para pagar que el dinero en metálico que sacaban del cajero automático.

Falta poco para asistir a otro gran momento: a medida que los nativos digitales se incorporen al consumo, al mundo financiero y económico, el metálico se irá extinguiendo. Son las generaciones que menos cash utilizan. Un informe del BBVA indica que los menores de 35 años realizan el 80% de sus compras con tarjeta.

Lo mejor
Parece que todo son ventajas para las transacciones electrónicas alternativas. «La costumbre de pagar en efectivo contrasta con la seguridad y facilidad que supone el pago a través de móvil y tarjeta», garantiza José Luis Martínez, de AEB. Esa es la mayor virtud que atribuyen al pago eletrónico: la seguridad, la rapidez y la facilidad. Por ejemplo, con la biometría ya sea de cara o de huella ni siquiera hace falta un PIN.

El pago electrónico además deja huella, y eso permite prevenir y detectar el fraude. «Limita la capacidad de la economía sumergida», asegura Luis Cantero. Y no hay que olvidar que también se produce un ahorro. «El dinero en efectivo cuesta dinero», asegura Alberto López. Diversos estudios demuestran que en torno al 4 o 5% de la cadena de valor. «Hay dinero que se pierde, cuesta fabricarlo, distribuirlo, pagar a la empresa de seguridad para que lo lleve al banco, pueden aparecer billetes falsos, un mal cambio…», añade. Todo parece indicar, por tanto, que el dinero contante y sonante tiene los días contados.

Procesos más ágiles y seguros para las transacciones online
Las transacciones y pagos online crecen sin prisa pero sin pausa como también lo hace el comercio electrónico. En 2018, el ecommerce alcanzó los 40.000 millones tras aumentar un 29,1%. En el último trimestre de ese año se realizaron nada más y nada menos que 200 millones de transacciones, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Eso da cuenta del calado que supone el pago online en nuestro país, que evoluciona buscando mayor seguridad e intentando agilizar los procesos. Una de las preocupaciones a la hora de realizar esos pagos, como comenta Luis Cantero, es «prevenir el fraude, que en físico prácticamente ya no existe pero en comercio electrónico sigue siendo muy relevante». Pero también minimizar los procesos. «Los nuevos métodos de autenticación –continua– de doble factor (por ejemplo contraseña y mensaje al móvil) hacen que la conversión se reduzca hasta en un 40%, por lo que es una balanza complicada donde los grandes están asumiento el riesgo en favor de sus clientes, pero las pymes no pueden».

Por eso, la apuesta es hacia transacciones online fáciles, cuenta Franciso Sierra, director de N26 en España. «En los procesos hay que evitar códigos y pines que la gente se olvida, y hacerlo con la validación facial o la huella. Hay que evolucionar a validar la identidad que se está utilizando el método de pago. Así se evita el fraude. Esto va a tardar en extenderse, pero en dos o tres años veremos que los pagos digitales se hacen sin pines y contraseñas complicadas», sostiene.

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Author: Pablo Perez