Al paso de la hiperinflación y la devaluación, el bolívar ha venido desapareciendo de la escena como moneda. Una moneda para que se precie de tal cumple tres funciones esenciales. Servir de medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor. La última claramente no lo cumple el bolívar, porque lejos de preservar el valor, el bolívar carece de valor. En cuanto a la unidad de cuenta, este atributo se ha estado perdiendo debido a que los precios de muchos bienes ya están denominados en dólares o euros, no en bolívares. En lo relativo al bolívar como medio transaccional, conviene citar que algunos estudios de opinión indican que un 35% de los venezolanos reporta que hace pagos en dólares. Ello es así, primero porque hay dólares con los cuales hacer transacciones y segundo porque fijar los precios de ciertos bienes en bolívares carece de sentido, debido al aumento sostenido de los precios. Debe destacarse que cerca de 40% de los venezolanos manifiesta que recibe remesas, situación que refuerza la dolarización.