La realidad nos hace tropezar día a día, con un régimen capaz de hacer las peores cosas del mundo. Lo vimos el pasado fin de semana, cuando un aberrado “oficial” de la fuerza armada nacional -en minúsculas a propósito- torturó a un niño con la impiedad propia de los verdugos que le sirven ramplonamente a esa narcotiranía que atormenta a nuestra amada Venezuela. “El teniente Arellano me metió la cabeza en un tobo de agua con las manos en la espalda, me electrocutó y me agarró por la cabeza y me metió una cachetada durísimo que me caí al piso y me agarraron por las orejas y empezaron a pegar la cabeza contra la pared.” Fue la denuncia que hizo, a viva voz, Ricardo Melean, ese muchachito oriundo de la población de San Tomé, un campo laboral residencial ubicado a 14 km de la ciudad de El Tigre, estado Anzoátegui. Peor suerte corrió el joven tachirense Rufo, a quien dejaron ciego después de dispararle una ráfaga de perdigones.