El pasado mes de julio en México, unos treinta dirigentes de la región constituyeron el llamado Grupo de Puebla en la ciudad que lleva ese nombre, esgrimiendo un objetivo, a no dudar santificable: “resolver por fin la desigualdad y la pobreza en nuestros países”. A ese mismo tenor: “contener el avance de la derecha conservadora que insiste en promover los intereses y privilegios de una élite socioeconómica”.