Al igual que la oposición en el Parlamento británico, al final también la resistencia al “brexit” colapsó totalmente. En el verano pasado, el movimiento contra la salida había sacado a las calles de Londres a un millón de personas. Pero después de su victoria electoral, la aprobación de la ley para llevar adelante el quiebre se convirtió en un paseo dominical para el premier Boris Johnson. Fue casi chocante ver cómo todos los argumentos no solo contra el “brexit”, sino también a favor de una futura relación cercana con la UE, habían desaparecido.