La tortuosa relación entre el cambio climático y el cambio político no pudo quedar más de manifiesto con la drástica decisión que se vio obligado a asumir el presidente chileno Sebastián Piñera cancelando la celebración del encuentro internacional, que hoy se celebra en Madrid, la capital de España, y no en Santiago, como originalmente previsto, precisamente por razones políticas. La inmensa y justificada preocupación por el destino a muy largo plazo del planeta se vio entorpecida por la devastadora e injustificable acción inmediata que sufren todos los chilenos por la brutal contaminación ambiental provocada por el activismo político de la izquierda marxista chilena. Y latinoamericana, embarcada en el mismo viaje al corazón de nuestras tinieblas: la tiranía. Un mal tan viejo como la humanidad, como lo demuestra la historia real, que comenzó su devastadora compulsión por montar regímenes dictatoriales cuando nadie imaginaba que los hombres terminarían siglos, sino milenios después, preocupándose más por sus tubos de escape que por su convivencia política.