La política monetaria agoniza

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La economía le sucede algo similar a lo que ocurre con la mayoría de los tratamientos médicos. Cuando tomas una medicina para curar una cosa, a veces te empeora otra. A mí, por ejemplo, más de tres aspirinas en un solo día me atajan el constipado, pero me pudren el estómago. En el caso que nos ocupa, la utilización masiva y generosa de la actual política monetaria nos ha conducido a una inesperada época de tipos de interés negativos. Inesperada, tanto por el signo como por su duración. El dinero barato es una bendición para la economía porque favorece la inversión a riesgo y el consumo de bienes duraderos cuya adquisición, habitualmente, requiere financiación, lo cual dinamiza la economía en general y, el empleo, en particular, al incentivar la actividad.

Pero, por otra parte, ataca la rentabilidad de la banca al socavar los márgenes con los que actúa y ahuyenta las expectativas de rentabilidad de los ahorros, lo cual es una muy mala noticia para las capas envejecidas de la población que se ven obligadas a asumir mayores riesgos en sus inversiones, si desean obtener algo de rentabilidad, o a renunciar a esta si pretenden aislarse de aquellos. Un dilema infernal. Hay otros beneficiarios del proceso, los estados super endeudados como el nuestro, que reducen la factura a pagar por financiar sus montañas de deuda.

El propio Luis de Guindos, en su reciente visita a BIlbao, reconoció esta dualidad y avanzó su opinión de que cada día son mayores los aspectos negativos y menores los positivos. Por eso, el BCE propone, por un lado, abandonar su objetivo de inflación, una vez comprobada la inutilidad de sus refuerzos para subirla y, después, mantenerla en el 2% y, por otro, modificar lo que se denomina la política macroprudencial para reducir el daño a los balances y a las cuentas de resultados de la banca y evitar así que su actual deterioro socave la solidez de la misma.

Todo junto con la desesperada apelación, a aquellos estados que tengan margen para ello, para que apliquen políticas de gasto e inversión más expansivas. Creo que esta parte es la que mejor ha entendido nuestro amado líder Pedro Sánchez, a pesar de que nosotros no somos destinatarios de la llamada. ¡Solo nos faltaba!

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