Aquel día mis lágrimas brotaron sin darme cuenta, su mirada tierna y amorosa me hicieron olvidar que se trataba solo de una imagen de la madre de Jesucristo. Había sentido una especie de llamado y tuve una necesidad impaciente de ir a su peregrinación, mi novia se empeñó en acompañarme a lo cual accedí a pesar de que mi deseo era viajar solo para contemplarla como si fuera su único hijo entre aquella multitud.