¿Se habría imaginado usted hace diez años que Chile llegaría al punto de crisis en que se encuentra hoy? Y si la respuesta es no, como lo es en muchos casos, ¿por qué no es imaginable un Chile que en diez años más esté todavía peor que hoy? ¿Quién garantiza que haya un limite cierto a la destrucción que puede sufrir el país? La respuesta es nadie. Sin embargo, durante décadas la derecha política, intelectual y académica ha celebrado la ‘moderación’ como una virtud en sí misma, en circunstancias que no pasaba de ser una especie de postura de salón para no incomodar a otros. Si, en cambio, desde el principio se hubieran defendido con firmeza y claridad, es decir, sin moderación, aquellas ideas responsables del éxito del país, hoy no estaríamos donde estamos. Pero la falta de visión, la comodidad y, para ser francos, la cobardía, pesaron mucho más que la integridad moral.